Trabajo

Estoy desempleado, ¿cojo un trabajo aunque no me paguen para demostrar lo que valgo?

Aunque todos esperamos una retribución por el trabajo que desempeñamos, a veces una ocupación no remunerada puede suponer una oportunidad, para aprender, para abrir nuevos caminos. Además, si eso que hago (y que no me pagan), me gusta, también puede ser una fuente de autoestima y satisfacción así como una oportunidad para conocer gente vinculada a un área profesional que me interesa.

Trabajar sin cobrar, de entrada puede parecer una contradicción, incluso una tontería…”si no me pagan ¿para qué trabajar?”. Si la respuesta es solo para demostrar que sí valgo, quizá sí sea un error. En mi opinión, recomiendo partir del supuesto de que sí valemos, y a partir de ahí lo que perseguimos al trabajar “gratis” son muchas otras cosas.
En primer lugar, y desde una perspectiva mucho más pragmática, hay que analizar cuál es nuestro contexto actual. Responsabilidades económicas, nivel de ingresos familiares… Esto marcará en primera instancia  mi decisión de trabar sin compensación económica.
Supongamos que me lo puedo permitir, entonces tendríamos que valorar por qué me puede interesar. Si estoy desempleado puedo estar muy ocupado, con cuestiones personales, familiares o domésticas. Está bien dedicar más tiempo a todo aquello que durante quizá muchos años no he podido hacer , pero hay que considerar que si antes estábamos trabajando (fuera de casa) entre 8 y 12 horas, ahora disponemos de mucho tiempo y es una oportunidad para ocuparnos en cosas que nos puedan enriquecer, hacernos sentir útiles y seguir desarrollándonos más allá del ámbito personal.
Con este propósito, podría ser interesante explorar oportunidades de trabajo que, teniendo las necesidades básicas cubiertas por otra parte, nos puedan enriquecer y hacer sentir realizados. Además de perseguir un objetivo de realización no hay que olvidar que estar en activo supone conocer gente, y conocer gente puede traernos oportunidades de empleo remuneradas, proyectos nuevos y/o ideas para desarrollar en un futuro.
Trabajar “gratis” cobra sentido sobre todo para aquellas personas que quieren explorar nuevas alternativas, sectores o actividades profesionales, desconocidas hasta el momento, en las que no tienen experiencia y la quieren adquirir.
Dicho esto, si nuestro objetivo es volver a cobrar un salario algún día, no hay que perderlo de vista, y marcándonos unos plazos, llevar a cabo una estrategia de búsqueda de empleo que nos permita aprovechar los contactos y conocimientos que estamos adquiriendo en esta etapa.
No está de más marcarnos unos objetivos y delimitar el tiempo que vamos a dedicar a esta actividad, ya sea las horas al día como la duración de la colaboración inicial. Pasado el plazo de tiempo estipulado, revisar esos objetivos y redefinir la situación, mis intereses y decidir si quiero continuar con las mismas condiciones o no. En este punto, también es buen momento para hacer un balance y  valorar mis aportaciones a ese puesto de trabajo así como mis adquisiciones y aprendizajes. Si lo creo conveniente puedo también realizar una propuesta de colaboración/proyecto que se ajuste a mi nueva realidad y quizá ahora sí, pueda estar remunerada.

¿Tomar iniciativas en mi trabajo aún a riesgo de equivocarme?


Antes de dar una respuesta, plantearía otra pregunta, ¿Si no tomo ninguna iniciativa, elimino el riesgo de equivocarme?
Los seres humanos nos equivocamos, siempre, en un momento u otro, por lo que vale la pena esforzarse para aprender de nuestros errores y no dejar que estos nos frenen y nos impidan avanzar.

¿Cómo sería la vida sin arriesgar? Arriesgamos cada día en las todas y cada una de las decisiones que tomamos, unas más trascendentales y otras menos.
Arriesgar implica unas veces ganar y otras perder, pero no hay que confundir conceptos, tomar riesgos es una cosa y ser un “inconsciente” es otra muy diferente.
Cada decisión que tomamos en nuestra vida implica un riesgo, si el objetivo fuera hacerlos desparecer, probablemente nos quedaríamos paralizados por el miedo, al darnos cuenta y tomar consciencia de la cantidad de “peligros” que nos acechan detrás de cualquier situación.
En referencia al mundo laboral, no hay grandes diferencias, actuar implica arriesgar, pero en todo riesgo lo más importante no son únicamente los resultados que obtenemos. Es importante explorar nuestras motivaciones, ¿Por qué quiero llevar a cabo esa iniciativa?  Reparar en todo momento en mis objetivos, ¿Dónde quiero llegar? ¿Supone esta iniciativa un paso adelante para lo que representan mis objetivos profesionales?
Es importante trazar un camino, planear una estrategia y tratar de prever algunas de las dificultades con las que me puedo encontrar a la hora de ejecutarla.
Otro elemento fundamental es el de tener en cuenta aquellas personas de mi entorno laboral que deben estar informadas, y a las que quizá deba implicar en mi nuevo proyecto. No hay que olvidar que en la mayoría de los casos no trabajamos solos y  es importante contar con el apoyo de mis jefes o de los compañeros que pueden verse afectados por mi iniciativa. Por tanto, en algún momento debería pensar en comunicar mi idea, exponer mis argumentos y tratar de ganarme los apoyos que sean necesarios para el buen funcionamiento de mi iniciativa.
Aún con todo ello, podemos equivocarnos, incluso si así fuera, podemos (y debemos) aprender de ello, disfrutar del camino y pensar en nuevas iniciativas “mejoradas”,  después de analizar nuestros errores.




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